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Por aquí podrán encontrar artículos periodísticos relacionados con BORDE PERDIDO EDITORA, tanto reseñas de nuestros libros como entrevistas a lxs autores y editores.

Entrevista a Sebastián Maturano, director de Borde Perdido Editora

02/09/2015 // por en Indie Hoy

Sebastian Maturano

Dentro de la poderosa y variada literatura emergente de la provincia de Córdoba, podríamos destacar a Borde Perdido Editora, sello independiente con proyección hacia todo el país, que ha irrumpido en el campo intelectual en 2013 y cuenta en su catálogo con nombres como Silvio Mattoni, Mario Bellatín y Liria Evangelista. Ediciones que se caracterizan por una fuerte impronta visual que cuida tanto del diseño interior como del arte de tapa. Un proyecto laboral que “intenta resignificar el trabajo editorial, manteniendo un trato cercano con l@s autores, cuidando en detalle las ediciones, y generando modos de circulación diversos”.

Su director, el creativo artísta plástico, Sebastián Maturano, nos habla de este proyecto mutante y autogestivo que ya cuenta con tres colecciones en contínua expansión, creando otros espacios literarios y camadas de nuevos lectores ávidos de buena literatura.

Seba, lo que hiciste con Borde en apenas dos años, creo que no tiene antecedentes dentro de la edición independiente argentina. ¿Cuántos títulos ya sacaron?, ¿20?
Sí, la verdad que dicho así suena como una locura, y en parte es una locura. Sí, son 20 títulos al momento que han salido por Borde. Una vez un amigo me dijo que hay cosas que si las pensás mucho no las hacés, y si bien Borde Perdido Editora es un proyecto pensado y craneado muchísimo, hay una dimensión que si uno se la pone a pensar mucho no hace nada, se queda paralizado, esa dimensión para mí es la realidad, esa maquinaria que te dice “no lo hagás, hacé algo útil, productivo, etc.”. Por otro lado, los libros de Borde son hechos tracción a sangre, es decir, son cosidos y encuadernados a mano, uno por uno, en primeras ediciones de 100 ejemplares que, al momento de agotarse, siempre se intentan reponer, previo hablar y acordar con al autor o autora, claro. Aunque este año haremos por primera vez una tirada de 200 ejemplares de una sola vez.

Sos mendocino. Estudiaste en la Universidad de Cuyo, pero armaste la editorial en Córdoba con proyección federal, que abarca gran parte de todo el país. ¿Te considerás un autodidacta?
En cierta forma sí me considero un autodidacta. Desde chico me gustó dibujar y pintar, como a casi todos los niños, nada más que en mi caso lo seguí haciendo “de grande”, por eso fui a la Escuela de Bellas Artes de Mendoza, y después a la Facultad de Artes. Aunque pasé por espacios de formación institucional donde aprendí muchas cosas, mirando en perspectiva, siento que donde más se aprende es en el trabajo colectivo y en el encuentro con el otro, en ese intercambio se crece mucho. Aprendí y aprendo mucho más de mis pares y compañeros que de los docentes que tuve, que, salvo un par, siempre fueron mezquinos y egoístas. Por ejemplo, un gran espacio de formación fueron los años que estuve en La Araña Galponera, un colectivo artístico de la ciudad de Mendoza que formamos en 2007 con varios amigxs, con quienes trabajamos mucho algo que se suele nombrar como artepolítica, haciendo, sobre todo, intervenciones urbanas. Una de las que más recuerdo fue en el 2009, cuando hicimos La primera bienal de fotocopias, una intervención gigante por toda la ciudad, de convocatoria abierta, donde participaron más 200 artistas, no solo de Argentina, sino de buena parte de Latinoamérica. Sin ese aprendizaje de laburo colectivo, siempre en vínculo con el hacer, seguro que Borde Perdido no existiría, o sería algo muy distinto, Borde Perdido existe porque hay una historia, no nació de la nada.

¿Cómo fueron tus comienzos con la literatura?
Creo que mi comienzo con la literatura fue por la lectura, supongo que siempre es así. Cuando tenía 10 años mis viejos me regalaron Veinte mil leguas de viaje submarino, y ese libro fue el comienzo de un viaje que sigue hasta hoy. Después vino el comic yanqui que estaba conectado con los dibujitos de la tele, y después conocí la historieta argentina, me acuerdo perfecto, en el año 1998, cuando me compré El Eternauta, tenía 13 años, estaba en primer año del secundario y flashié mal con esa historia y esos dibujos. Ese fue el comienzo, después vinieron las lecturas adolescentes de la secundaria, y las lecturas de la época de la universidad, Artaud, Lautréamont, Fogwill, Laiseca, y muchos más.

El diseño y arte de tapa corren por cuenta tuya. Hablame un poco de tu formación artística. ¿Qué intentás plasmar con esa línea plástica en particular?
Mi formación artística creo que fue rara. Si bien fui a un secundario especializado en artes y también pasé por la universidad, nunca me sentí muy cómodo en esos lugares. En la plástica, en general, se valora mucho la mímesis y cierto virtuosismo, nunca tuve nada de eso, así que el trabajo de observación frente al modelo siempre fue algo que sufrí un poco, por lo menos en el momento en que yo estudié en Mendoza todavía se creía en la idea del “buen dibujo”, el “dibujar bien”, lo cual se asocia a lo “parecido” que puede ser lo dibujado con su modelo de referencia. Por otro lado, en esos espacios conocí a amigos, amigas, compañeros, que les pasaba lo mismo y con quienes nos unimos y formamos juntos, también me sirvió mucho conocer a Dubuffet, tanto sus obras como su teoría, también a Basquiat, a Balthus, a Noé, a De la Vega.

¿Y el diseño?
Respecto del diseño y arte de las tapas es medio largo y funciona en varios niveles. Si es que intento plasmar algo en particular creo que es, por un lado, la identidad gráfica de la editorial, su política visual, la cual, a su vez, es generada por los dibujos que hago, que están conectados con una idea particular del dibujo, que es una práctica muy asociada a la escritura, tanto por los medios que utiliza, así como por el modo directo en que la idea y su ejecución se asocian en un mismo movimiento. Es una práctica muy directa y económica. “Dibujar es un hecho político en sí mismo. Estar quieto, concentrado, dibujando, buscando tu modo de dibujar, dispone al cuerpo y al ánimo contra la aceleración y la masividad” apunta la artista rosarina Claudia del Río por ahí. Después está todo el tema de cómo opera una imagen (un dibujo) en la tapa de cada libro en particular, es decir, es una imagen que se leerá junto a una frase (el título de libro), lo cual ya es un contexto. En general, para el diseño de las tapas, me interesa la tensión que se produce entre texto e imagen (aunque el texto se vuelve imagen en la tapa), el dibujo no funciona como una ilustración en el sentido tradicional del término. A todas esas ideas, a su vez, trato de traducirlas en un diseño gráfico sencillo, que se pueda leer rápido entre las miles de cosas que andan dando vueltas por ahí.

Contame sobre las colecciones que integran el sello. ¿Cómo se arma un catálogo como el tuyo?
Borde Perdido tiene tres colecciones, una de narrativa, una de poesía y otra dedicada al dibujo. La verdad que desde el principio no creíamos mucho en la idea de género, pero dispusimos la idea de colecciones para poder ser más claros como editorial hacia afuera, pero siempre con la idea de que los géneros se cruzan, y hay libros que no los podés encajar en ninguna de esas tres categorías (narrativa, poesía, dibujo). Además, la misma editorial juega con la idea de cruzar las prácticas de la literatura y las artes visuales, y eso va desde tener una colección sólo dedicada al dibujo, pasando por el modo en que se construye el objeto libro, hasta llegar a libros que publicamos que no se pueden colocar fácilmente en ningún género. El catálogo se genera desde la lectura y muchas horas de pensar, cranear y enroscarse. De todas manera no creo en identidades cerradas y definidas, me interesa más bien la posibilidad de ser mutante e ir cambiando y jugando, incorporar distintas cosas, por ejemplo, está pendiente la inauguración de una colección dedicada al pensamiento crítico, al ensayo, a la reflexión desde un punto de vista más teórico, por llamarlo de alguna manera. Cuando tenga tiempo seguro que saldrá adelante esa idea.

Entiendo que estás por lanzar en estos días una revista.
Así es, ya tenemos todo el material reunido, falta diseñarla. La revista se va a llamar Necrópolis, y la estoy haciendo junto a Juan Revol y Rodolfo Schmidt, dos amigos que son escritores y han publicado con Borde, y son re pibes, tienen 22 años, me gusta ese cruce generacional que se da espontáneamente, yo tengo 30 y ellos varios años menos, eso hace que tengamos distintos modos de pensar y ver, pero de un modo que se complementa y enriquece. En la revista habrá dibujo, poesía, comic, narrativa, ensayo y todo eso se irá cruzando en un mismo objeto, ya que saldrá en papel. En la revista participarán muchos artistas y escritores de Córdoba, algunos con trayectoria y otros que están empezando y nunca publicaron. Si bien la revista saldrá editada por Borde Perdido y la hacemos Juan, Rodolfo y yo, el verdadero editor de la revista es el Doctor Necrópolis, un tipo que se comunica con nosotros, para bien y para mal, y que nos dicta órdenes que nosotros nos limitamos a cumplir. Esperamos que en esta oportunidad podamos dejar conforme al Doctor, porque sabemos que es un tipo bien jodido y no sabemos qué nos puede hacer si nos desviamos de sus caprichos.

¿Cómo ves el futuro de la edición independiente?
La verdad que no tengo ni idea, pero espero que todo siga mejorando y en buen curso. Hay mucha gente que está trabajando muy bien, que lleva adelante proyectos de una apuesta y un nivel realmente excelentes. Yo creo en la independencia y la autogestión, como un modo de encarar la vida y sabiendo que en eso uno se arriesga y se la juega por lo que cree y sueña. Además, proyectos como Borde Perdido no son casos aislados, sino que están dentro de una historia, en ese sentido en Argentina tenemos una gran historia en todo lo relacionado a lo cultural independiente/autogestivo; por nombrar ejemplos en lo editorial, está el Proyecto Vox y Llanto de Mudo, que la vienen peleando desde hace un montón. Diego Cortés o Darío López, cada cual con su proyecto, son ejemplos a seguir, y hay un montón de gente más que labura a destajo, de la misma manera. También creo que es importante que haya políticas públicas que cuiden estas iniciativas y que esas políticas sean a largo plazo y no algo efímero, para que todos estos proyectos que hay hoy en día se puedan consolidar y seguir creciendo, aunque aclaro que desde Borde nunca hemos recibido ningún apoyo de ninguna institución pública ni privada.

Todos los libros cierran con un Post Scriptum muy elocuente. ¿Lo escribiste vos?
“Si el libro es instrumento de saber es arma de guerra / palabra escrita que viaja por los cuerpos de quienes /quemados aún sueñan con el viaje, la excursión, /el sin sentido liberador” así empiezan los primeros versos de ese Post Scriptum.  Lo escribimos junto a Pablo Toia, amigo y compañero, con él fundamos Borde Perdido y, por razones de tiempo y estudio, Pablo dejó la editorial el año pasado.

Hay un aspecto muy interesante de la editorial que es la de ir experimentando de modo continuo con el armado y construcción del libro. Si bien la editorial tiene poco más de dos años, ya han pasado por varias etapas. Distintos materiales y experiencias de por medio.
Sí, es cierto. Creo que esos cambios son por la intensidad con la que trabajamos siempre. Desde el principio la idea era, además de editar libros que nos gustaran, generar artefactos estéticos con una terminación lo más lograda y perfecta posible, de una manera me animaría a decir que obsesiva. El tema era que no teníamos plata, así que había que ver cómo hacíamos para lograr eso sin presupuesto. Como la idea era generar cruces entre artes visuales y literatura, las tapas de los primeros libros eran realizadas en una técnica similar a la xilografía, aunque no de una manera tradicional, una técnica que aprendí de Andrés Guerci, artista visual y amigo. Así fue que el primer libro, Poemas Sentimentales, de Silvio Mattoni, fue en formato de libro cartonero (juntamos el cartón para hacerlo) con tapas en grabado. Pero el cartón era un material que no permitía reflejar todo el laburo que tenía el objeto-libro, además siempre pensamos que el cartón no era algo que nos definiera ni limitara, y tenía más que ver con un estado de la cultura, inclusive, hoy en día, hacer libros en cartón es algo casi snob por momentos, en nuestro caso era el material con el que contábamos y al que podíamos acceder. Con la venta de ese libro pudimos juntar dinero para comprar otros papeles para tapa y así poder lograr una terminación más acorde con nuestra búsqueda estética. Por último, nos dimos cuenta que era mejor diseñar en digital las tapas e imprimir en láser blanco y negro sobre papeles de color, de esa forma teníamos tapas color en una excelente calidad y con un presupuesto acorde a nosotros. (También hemos impreso algunas tapas de diseño color).

¿La editorial busca a los autores o es al revés?, ¿cómo llegó Silvio Mattoni a Borde Perdido?
Hay veces que Borde busca a los autores, y hay veces que los autores buscan a Borde, el encuentro siempre se da en la lectura. Silvio Mattoni, así como otros autores, llegó por la lectura. Conocí los poemas de Silvio cuando todavía vivía en Mendoza, leyéndolos de la página web de Fogwill, autor fundamental en mi formación. Cuando ya vivía en Córdoba y decidí hacer la editorial le propuse a Pablo Toia que publicáramos a Mattoni. Así que nos animamos y le escribimos con la propuesta de publicar un libro, no lo conocíamos personalmente. Nos sorprendimos y pusimos súper felices cuando Silvio nos dijo que sí, era como un sueño publicar a Mattoni, a un autor que admiramos tanto. La generosidad de Silvio es algo que agradezco muchísimo, siempre abierto y bien predispuesto.

Hay un libro rarísimo, me refiero al de Liria Evangelista. ¿Qué importancia tiene para vos la originalidad a la hora de seleccionar un texto para publicar?
Niña Soviética es otro caso como el de Matoni. Leí Una perra, libro de poemas de Liria Evangelista que me impactó profundamente, y me pareció genial publicar un libro de Liria, una escritora con tanta fuerza y vitalidad. Le escribí y le propuse publicar, al igual que hicimos con Silvio, y dijo que sí, súper generosa Liria también. No pienso en términos de originalidad, sino en cómo me afecta la lectura, la potencia contenida en la obra que leo en ese momento, eso es determinante para decidir qué texto publicar.

Si tuvieras que recomendar algunos títulos de BP, ¿cuáles serían?
Sinceramente, y no lo digo por ser correcto, es que me gustan todos los libros de Borde Perdido, y cada vez que los veo a todos juntos y me doy cuenta de eso, me pongo muy contento. Pero hay dos títulos que, por alguna razón, han tenido una relación de cercanía y afecto con los lectores, uno es Cuásar, de Juan Revol, una novela que cruza los géneros del folletín, la gauchesca, el fantástico , y tiene como protagonista a un gaucho elfo. Ese libro, además, discute un poco la idea actual que hay sobre lo que los porteños llaman “literatura cordobesa”, la cual se suele asociar al realismo carveriano, bueno, en este caso nada que ver, es una novela más cercana a autores como Laiseca, por ejemplo. El otro libro es Niña Soviética, un libro que te interpela por el modo en el que está escrito, un registro poético escrito en prosa, que no es prosa poética, ni poesía en prosa, es otra cosa, visceral y delicada a su vez, Liria Evangelista logra construir la mirada de una niña hija de militantes comunistas en la argentina de los 60 y 70, pero desde una mirada y una voz sin precedentes.

¿En qué librerías porteñas podemos conseguir los libros?
En este momento está prácticamente todo el catálogo de Borde Perdido disponible en la librería Despensa Vacío Editorial (Av. Santa Fe 2729, ubicada en la Galería Patio del Liceo); y en la distribuidora La Periférica. También hacemos envíos por correo a todo el país.

Podrías brindarnos algún adelanto relacionado a la próxima etapa de Borde Perdido?
Están en preparación una edición ilustrada de La escuela del dolor humano de Sechuán, de Mario Bellatín, que ya tendría que haber salido y por razones de tiempo está demorada, en septiembre un libro de narrativa llamado Sobre las complicaciones de vivir sin nombre de un joven autor cordobés llamado Fabrizio Li Gambi. Y, si todo sale bien, a fines de agosto viajo a Jujuy a presentar Mi monstruo punk, del poeta y artista plástico Pablo Espinoza. En octubre sale el libro de poemas Sostener la piel, de Claudia Huergo con epílogo de Carlos Busqued.

La última, Seba. ¿Qué es lo que más te gusta de tu labor frente a BP?
Creo que la parte que más me gusta es la de leer el material para publicar y la de dibujar y diseñar las tapas.

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Sábado, 15 de agosto de 2015 – Edición impresa

“Los libros son hechos a tracción a sangre”

Cosidos a mano, y comentados en todo el país, los títulos de Borde Perdido Editora se seleccionan “desde la lectura y muchas horas de pensar, cranear y enroscarse”. Entrevista al mendocino Sebastián Maturano, director de este curioso proyecto literario.

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 por Augusto Munaro

Dentro de la poderosa y variada literatura emergente de la provincia de Córdoba, podríamos destacar a Borde Perdido Editora, sello independiente con proyección hacia todo el país, que ha irrumpido en el campo intelectual en 2013 y cuenta en su catálogo con nombres como Silvio Mattoni, Mario Bellatín y Liria Evangelista.Ediciones que se caracterizan por una fuerte impronta visual que cuida tanto del diseño interior como del arte de tapa. Un proyecto laboral que “intenta resignificar el trabajo editorial, manteniendo un trato cercano con los autores, cuidando en detalle las ediciones, y generando modos de circulación diversos”.Su director, el creativo artista plástico, Sebastián Maturano, nos habla de este proyecto mutante y autogestivo que ya cuenta con tres colecciones en continua expansión, creando otros espacios literarios y camadas de nuevos lectores ávidos de buena literatura.-Lo que hiciste con Borde en apenas dos años, creo que no tiene antecedentes dentro de la edición independiente argentina. ¿Cuántos títulos ya sacaron?, ¿20?-Sí, la verdad que dicho así suena como una locura, y en parte es una locura. Sí, son 20 títulos al momento que han salido por Borde. Una vez un amigo me dijo que hay cosas que si las pensás mucho no las hacés, y si bien Borde Perdido Editora es un proyecto pensado y craneado muchísimo, hay una dimensión que si uno se la pone a pensar mucho no hace nada, se queda paralizado, esa dimensión para mí es la realidad, esa maquinaria que te dice “no lo hagás, hacé algo útil, productivo, etc.”.Por otro lado, los libros de Borde son hechos tracción a sangre, es decir, son cosidos y encuadernados a mano, uno por uno, en primeras ediciones de 100 ejemplares que, al momento de agotarse, siempre se intentan reponer, previo hablar y acordar con al autor o autora, claro. Aunque este año haremos por primera vez una tirada de 200 ejemplares de una sola vez.-Sos mendocino. Estudiaste en la Universidad de Cuyo, pero armaste la editorial en Córdoba con proyección federal, que abarca gran parte de todo el país. ¿Te considerás un autodidacta?-En cierta forma sí me considero un autodidacta. Desde chico me gustó dibujar y pintar, como a casi todos los niños, nada más que en mi caso lo seguí haciendo “de grande”, por eso fui a la Escuela de Bellas Artes de Mendoza, y después a la Facultad de Artes.

Aunque pasé por espacios de formación institucional donde aprendí muchas cosas, mirando en perspectiva, siento que donde más se aprende es en el trabajo colectivo y en el encuentro con el otro, en ese intercambio se crece mucho.

Aprendí y aprendo mucho más de mis pares y compañeros que de los docentes que tuve, que, salvo un par, siempre fueron mezquinos y egoístas. Por ejemplo, un gran espacio de formación fueron los años que estuve en La Araña Galponera, un colectivo artístico de la ciudad de Mendoza que formamos en 2007 con varios amigos, con quienes trabajamos mucho algo que se suele nombrar como artepolítica, haciendo, sobre todo, intervenciones urbanas.

Una de las que más recuerdo fue en el 2009, cuando hicimos La primera bienal de fotocopias, una intervención gigante por toda la ciudad, de convocatoria abierta, donde participaron más 200 artistas, no solo de Argentina, sino de buena parte de América Latina. Sin ese aprendizaje de laburo colectivo, siempre en vínculo con el hacer, seguro que Borde Perdido no existiría, o sería algo muy distinto, Borde Perdido existe porque hay una historia, no nació de la nada.

-¿Cómo fueron tus comienzos con la literatura?

-Creo que mi comienzo con la literatura fue por la lectura, supongo que siempre es así. Cuando tenía 10 años mis viejos me regalaron “Veinte mil leguas de viaje submarino”, y ese libro fue el comienzo de un viaje que sigue hasta hoy.

Después vino el cómic yanqui que estaba conectado con los dibujitos de la tele, y después conocí la historieta argentina, me acuerdo perfecto, en el año 98, cuando me compré El Eternauta, tenía 13 años, estaba en primer año del secundario y flashié mal con esa historia y esos dibujos. Ese fue el comienzo, después vinieron las lecturas adolescentes de la secundaria, y las lecturas de la época de la universidad, Artaud, Lautréamont, Fogwill, Laiseca, y muchos más.

-Contame sobre las colecciones que integran el sello. ¿Cómo se arma un catálogo como el tuyo?

-Borde Perdido tiene tres colecciones, una de narrativa, una de poesía y otra dedicada al dibujo. La verdad que desde el principio no creíamos mucho en la idea de género, pero dispusimos la idea de colecciones para poder ser más claros como editorial hacia afuera, pero siempre con la idea de que los géneros se cruzan, y hay libros que no los podés encajar en ninguna de esas tres categorías (narrativa, poesía, dibujo).

Además, la misma editorial juega con la idea de cruzar las prácticas de la literatura y las artes visuales, y eso va desde tener una colección sólo dedicada al dibujo, pasando por el modo en que se construye el objeto libro, hasta llegar a libros que publicamos que no se pueden colocar fácilmente en ningún género.

El catálogo se genera desde la lectura y muchas horas de pensar, cranear y enroscarse. De todas manera no creo en identidades cerradas y definidas, me interesa más bien la posibilidad de ser mutante e ir cambiando y jugando, incorporar distintas cosas, por ejemplo.
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Materia segunda 16/07/2015

Los poemas de Emanuel Gatto son una enorme acumulación de materiales.
Emanuel Gatto
Por Carlos Schilling

Los poemas de Emanuel Gatto son una enorme acumulación de materiales. No un museo, sino un desarmadero, un basural, una chacarita. Antes que el aura de lo pasado de moda o lo perimido, revalorizado según una jerarquía de valores históricos o estéticos, se concentra en ellos la fuerza negativa de la entropía, la imposibilidad de liberar las mismas cantidades de energía útil otra vez.

Lo que se insinuaba en Imágenes afganas, el libro anterior de Gatto, en La muerte de Charlie Sheen (compuesto por dos largos poemas, uno con ese título y otro llamado “Militante Cero”) se potencia hasta volverse una poética, una marca de estilo cuya característica más paradójica es la impersonalidad, la distancia de cada verso respecto de la subjetividad del autor. Y es que esos materiales acumulados no son una materia prima, sino una materia segunda, una materia mediada o mediática.

En vez de trabajar sobre la realidad –ese fetiche de poetas y narradores–, Gatto trabaja sobre la hiperrealidad, y lo hace mediante una saturación de imágenes y signos en la que no se impone ningún orden del discurso, precisamente porque el poema, antes que armar, desarma el mecano del mundo y muestra sus piezas desparramadas sobre la superficie de la página.

Mediante el procedimiento de la asociación libre, el collage y la enumeración –que son los recursos más habituales de ambos poemas–, no se pretende explorar el inconsciente ni yuxtaponer realidades opuestas. La idea es exponer el imaginario desarticulado de un actor famoso de Hollywood, medio quemado por las drogas y la fama, o de un militante izquierdista, cuyo compromiso intelectual es definido en tres versos insidiosos: “Nunca superó el capítulo V/ de la biblia proletaria/ apenas alcanzó a decir que Dios es imperialista”.

Tal vez el único indicio de cierta subjetividad puede detectarse en el poema sobre Charlie Sheen, donde por momentos se percibe un uso empático de la primera persona, una lejana identificación no con la personalidad del exprotagonista de la sitcom Two and a half men sino con la posibilidad de asumir múltiples personalidades, que es lo que define a un actor.

En cambio, en “Militante Cero”, nunca aparece la primera persona, pues el tema no es la identidad personal sino la persistencia de la identidad de clase en alguien que pretende abolir las clases. El yo es pura proyección, pura gesticulación, pura pose: “Toda la tarde con campera taxidriver,/ la política hecha con boina parisina./ Palestina se debate/ en un patio con malvones”.

La muerte de Charlie Sheen

Emanuel Gatto

Borde Perdido editorial

Córdoba, 2015

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Versión libre: Entre paréntesis 14/05/2015

“Mate C/Pizza”, el nuevo libro de Martín Moureu; dos estilos en uno.

Por Carlos Schilling

El primer poema de Mate C/Pizza, el nuevo libro de Martín Moureu, es toda una declaración de principios. Pero se trata de una declaración en tono menor, en voz baja, como si estuviera hablando sólo para sí mismo. En vez de definir la poesía la interroga o la pone entre paréntesis. Sin embargo, en la asimilación de su escritura a “otra/ mancha de mate en la hoja” –como dice al final de ese primer poema, titulado “Un pretexto para el mate”– tal vez no haya que ver un acto de resignación sino un acto de conciencia frente a la realidad.

Realidad que en el poema siguiente (“Nacimiento del agua”, uno de los mejores del libro) “muere aplastada por su propio peso”, y es que el registro de la vida cotidiana que Mate C/ Pizza denota desde su mismo título es atravesado por toda clase de interferencias que hacen que la fluida comunicación se interrumpa de pronto, y lo que parecía simple, evidente y real se transforme en algo diferente.

Eso diferente puede ser un instante de extrañamiento, como cuando en “Perder el control”, después de buscar el artefacto perdido por todas partes, surge el desconcierto: “¿Pero qué hago con la puerta/ de la heladera abierta mirando/ la botella de agua fría/ mirándola?”. O puede ser, como en “Ken- Heine”, un interrogatorio sostenido por juegos de palabras en el que inesperadamente relumbra un palíndromo: “Átropos salta u Atlas soporta?”. O también puede ser un estado de suspensión, como en “El Desarme”, un poema irónicamente político compuesto de una sola larga frase frenada por la sintaxis, en la que repica la doble desinencia del subjetivo y en la que se omite nombrar lo más importante.

Toda la primera parte del libro, titulada “Mate”, muestra la riqueza de combinaciones de la poesía de Moureu, no sólo visible en el empleo de distintos niveles de lenguaje (desde la oralidad barrial hasta la jerga científica) sino también en el espectro de ideas y emociones (aun cuando impere cierto escepticismo generacional). Como dice Mario Nosotti en el prólogo, “trabajando esa acumulación, sus poemas reavivan eso que la obviedad de lo cercano nos había velado”.

En la segunda parte, “Pizza”, se impone el sentido del humor, a tal punto que “Farándula de las efemérides”, por ejemplo, se lee casi como una secuencia de chistes, algunos más y otros menos ingeniosos. Aquí tal vez las ocurrencias les ganen la pulseada a las ideas y algunos poemas (como “Los troveros de fines de siglo doble equis” u “Orientación vocacional”) incursionen en el lado menos interesante de la irrisión. Pero lo compensa con algunos pasajes preciosos, que son los que mejor exponen el estilo de Moureu: “Tu nombre azul/ en una hoja aparte,/ donde va/ el punto de la i/ hiciste un corazoncito/ chiquitito”.

Mate C/Pizza

Martín Moureu

Borde Perdido Editora

Córdoba, 2015

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Reseña de la novela Cuásar, de Juan Revol

Por Pablo Natale

Nota publicada en CIUDAD EQUIS (La voz del interior) el 18/12/2014

El autor novel publicó Cuásar, una novela protagonizada por un gaucho elfo.

flayer cuásar por seba maturano

Durante estos años se ha hablado de regionalismo, de realismo, de nuevas generaciones desencantadas, de la dictadura, el neoliberalismo, el objetivismo, del nuevo fantástico, el volver al presente de la ciencia ficción, etcétera. Además han estallado simpáticas discusiones en torno a la figura de Osvaldo Soriano, de Beatriz Sarlo, de Julio Cortázar, de César Aira, de Jorge Luis Borges, de la idea misma de “libro”, y mientras tanto el mercado vendió millones de ejemplares de Harry Potteres, Señores de los Anillos y Felipes Pignas. 

Fiel e infiel a estas discusiones, Cuásar, del autor novel Juan Revol, relata la vida del delirante Juan Cuásar, un personaje mitad gaucho y mitad elfo que está buscando el modo de emigrar del mundo elfo para ir a trabajar a la Argentina: en su odisea, Cuásar se encuentra con dos versiones de Juan Moreira, con un payaso dealer, con actores porno, un estudiante de letras y con la mafia narco elfo.

“–Raj no peso, raj no peso, ¿me zughi?

El gaucho trata de explicarme en elfoñol que no va a venderme pesos argentinos”, empieza la novela.

Combinando el imaginario creado por Tolkien con el imaginario gauchesco, Revol narra el recorrido de un héroe venido a menos en un mundo posacopalíptico. Mestizo inusitado, portador de un gameboy que sacrifica por un insólito porvenir, Juan Cuásar es el protagonista de una obra que tiene la estructura episódica y con suspense propia de un folletín del siglo XIX y la superación de obstáculos y pruebas continuas propia tanto de la narrativa kafkiana como de los videojuegos. 

Preso de un sistema y un territorio que lo oprime, Juan Cuásar es a la vez personaje y metáfora de su propia novela: una obra que busca migrar tanto de los realismos y regionalismos vigentes como de las distopías y la secreta corrección moral de las obras que parodia. Próximo, entonces, a la escuela Bizzio-Aira-Estanislao del Campo de la literatura argentina contemporánea, Cuásar es una novela a la vez ligada a las series televisivas (esa nueva literatura a la que somos felizmente adictos) y, en particular, al imaginario irreverente de Gastón Portal.

Cabe pensar, finalmente, en las obras de autores noveles (Scalabritney, de Martín Zícari; Alto mediodía, de Javier Martínez Ramacciotti, por ejemplo) para considerar la relevancia que tienen la figura del DJ y del remix literario a la hora de componer una obra: acaso los hermanos leen y bailan unidos, porque esa es la ley primera. 

Leé la nota en el sitio web original

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Javier Eduardo Martínez Ramacciotti,en el fragmento de una crítica que adelantó sobre Cuásar en facebook, esto decía:

Lean “Cuásar” (Borde Perdido Editora, 2014) de Juan Revol.

Buenísima novela que leés como si cabalgaras el lomo de un dragón. Continuadora de una serie que podría ir desde “El escritor argentino y la tradición” de Borges hasta “el exotismo delirante” del Grupo Shangai y la revista Babel, pasando por el procedimiento de la fuga hacia adelante de César Aira, la novela se afirma en la potencia de la imaginación como matriz productiva, en al menos dos sentidos: 1- la imaginación como fantasía, como la felicidad de jugar con fantasmas y seres delirantes sin constricciones referenciales. 2- la imaginación como constelación y reservorio común de imágenes y figuras que hacen al presente en su dimensión histórico-dinámica. Dicho en una fórmula: “Cuásar” hace fantasear una zona de la imaginación común( Gauchos, Tolkien, films de “tipos duros”, la biopolítica de nuestros días, etc), y dice al presente desde una distancia lejana, dice el presente desde la perspectiva de un cuásar: desde el punto de vista más lejano pero también el más luminoso, o sea, el presente en su dimensión activa, creativa, antes de que se cristalice en zonas estancas- eso que llamamos Realidad-, cuando aún es una Babel de Lenguas en la que nadie entiende nada, y la literatura sería- como querían los jóvenes de Shangai- la felicidad de esa incomprensión en la que todo habla “en chino básico”. O como sería mejor decir con Juan: en la que todo habla élfico básico.

(fragmento de una crítica por venir)

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Entrevista a Mariela Laudecina realizada por José Playo con motivo de la presentación de El cielo es para los ángeles.

Posdata con Mariela Laudecina: La vida entre libros

Por José Playo

Mariela Laudecina es narradora, poeta, música y actriz. Lleva publicados siete libros. El próximo 19 de noviembre presentará una reedición ilustrada de su novela “El cielo es para los ángeles”.

CIUDAD EQUIS 06/11/2014

Mariela Laudecina es una cara conocida en el circuito literario local, una militante romántica pero feroz de corta estatura y de alto compromiso, una persona que busca, desde la orilla de un sistema editorial a veces cruel, a veces indiferente, el espacio para convidar con lo que hace. Mariela es la chica que sale de atrás de las bateas en Rubén libros para recomendar siempre lecturas a medida. Se nota que lo hace de corazón, con esa extraña vocación de acercar un texto al lector que lo necesita. Como Rubén, rara vez se equivoca. Ahora reedita su libro El cielo es para los ángeles, y no está sola, ya que esta vez la novela tiene ilustraciones de Cuqui. 

¿Cómo definirías para un distraído de qué va tu libro?

–Es la historia de una asesina de palomas, entre otras posibilidades.

¿Cómo es reeditar en Córdoba?

–Ahora tenés muchas posibilidades de editar con sellos pequeños que hacen un trabajo impecable, como lo es Borde Perdido, que diseñan y cosen sus libros a mano.

¿Qué te seduce de publicar?

–No me seduce. Simplemente me reconforta tener la posibilidad de que otros lean mi trabajo. A mi primer libro lo corrigió generosamente Alejo Carbonell, y me sugirió que lo dejara, que escribiera otros poemas, que no era publicable. Y tenía razón, pero en parte (a pesar de que en ese entonces me gustaban los poemas que había elegido y algunos me siguen gustando y sé que no es mi mejor libro), y digo en parte, porque editar Hacia la cavidad me sacó de la profunda tristeza en la que estaba sumida en ese momento y me impulsó a seguir escribiendo y a encontrarle un sentido a mi vida.

¿Qué hizo Cuqui en el libro? ¿Es una creación colectiva?

–Cuqui hizo las ilustraciones y es una creación colectiva porque además de las ilustraciones de Cuqui, Sebastián Maturano dibuja la tapa y el diseño final.

Se asocia la escritura con el preconcepto de trabajo en solitario, ¿por qué sumar a otra persona al proyecto?

–Cuando surgió la idea de reeditar la novela, Cuqui se ofreció a ilustrarla y me pareció que al ser una novela corta, iba a enriquecer la publicación. Además, me gustan los dibujos de Cuqui.

El cielo...

¿Preferís “poeta”, “escritora”, “artista”?

–Prefiero artista. No solo escribo poesía y narrativa, sino que además canto y bailo, y si bien ahora no estoy actuando, hice teatro varios años.

Se trata de una nouvelle, ¿creés que en literatura el tamaño importa?

–No, ¡en absoluto! Justamente cito a Ricardo Zelarrayán al comienzo de ella: “No creo en los géneros literarios. Cada persona tiene su propio discurso permanente, un río perenne y subterráneo que constantemente amenaza desbordarse. La mayoría de la gente le pone diques, pero así y todo a veces su rumor se escucha”.

¿Qué personas de Córdoba han influenciado en tu poesía y por qué?

–El que tuvo más impacto en mi escritura fue Vicente Luy. Además de leerlo, con él hice mi primer taller, aprendí a corregir, a soltarme, a descubrir que mi poesía pasaba por lo coloquial, por la frescura. Conjuntamente leía a Diego Cortés, Gustavo Borga, Marcelo Duguetti, Lucas Tejerina, por nombrar algunos. Y de las mujeres empecé leyendo a Cuqui, Eloísa Oliva, Juana Luján y a algunas chicas más que editaba editorial La Creciente. Y luego descubrí a dos que me fascinan; alguna vez intenté escribir como ellas, pero nunca me salió: Leticia Ressia y Laura García del Castaño. 

Tenés contacto con muchos lectores por tu trabajo, ¿se leen autores cordobeses? ¿Se compran sus libros?

–Sí, claro. Se lee narrativa y poesía, quizá esta última no en grandes cantidades, pero hay una generación de chicos ávidos por leer autores nuevos y de Córdoba. Si bien trabajo en una librería (Rubén Libros) que sabemos es bastante particular y sus lectores también, hay gente que no es cliente habitual pero se muestra muy abierta a llevarse recomendaciones de libros de autores cordobeses.

Se rumorea que la presentación del libro no será tradicional, ¿qué tenés preparado?

–Me gustaría que lo descubran cuando asistan. 

En papel:

la vida entre libros, josé playo, ciudad equis

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Reseña del libro Pollitos

Pablo Giordano: relatos de un escritor en fuga

Por José Playo

El escritor varillense Pablo Giordano publicó el libro “Pollitos”, un efectivo mecanismo de ocho relatos sobre la preadolescencia en un pueblo.

11/12/2014 Ciudad Equis, La voz del interior.

Pablo Giordano tiene Las Varillas, su pueblo, a flor de piel. Y en su último trabajo, Pollitos, publicado por Borde Perdido Editora, esa dermis plañidera parece expandirse al extremo de cubrir cualquier pueblo de cualquier ciudad, donde la preadolescencia es un derrotero por calles a la siesta, potreros, vecinos con secretos y despertares a una sexualidad rústica e intuitiva. El libro se compone de ocho relatos sólidos que rozan por momentos una delgada línea rota entre lo fantástico y lo real. Los protagonistas jóvenes prescinden de brújulas adultas y en cada párrafo Giordano plantea un recurso tan complejo de dominar como efectivo resulta a la hora de leerlo: la construcción de un espacio geográfico neutro, un no lugar en el que las metáforas son dardos certeros y económicos, y que jamás viran hacia la banquina de las ampulosidades.

Lo que cuenta Giordano hace gala de una verosimilitud narcótica que raya con la locura. Las historias de Pollitos funcionan como paneos en una dimensión desconocida y a la vez familiar, un mundo en el que un grupo rotativo de compañeros de adolescencia van apropiándose de la tierra a veces indómita, a veces frágil, jamás inocente.

pollitos

Se nota –no sólo en los personajes de sus relatos sino en los escenarios y en las acciones– que la exploración de Giordano quiere poner el foco en un lugar/momento donde la década de 1990 puede agonizar sin prisa, donde vale el bullying de calles de tierra, el sexo a contrapelo de las convenciones, los animales simples que se vuelven nobles o crueles, y las personas inquietantemente normales.

Este aquelarre que Giordano celebra con la tranquilidad de quien sabe qué suelo está pisando, acaba confiriéndole al libro un halo adictivo.

La escritura del varillense dejó de estar en fase larvaria de blogs y colaboraciones en revistas nacionales e internacionales, Pollitos da cuenta de una pericia narrativa envidiable. El libro es como un viaje rápido por rutas que parten poblaciones en dos, una sucesión de ocho postales que barren la ventanilla del lector.

Relatos como el que le da nombre al libro descuellan por la conjugación entre el humor en los diálogos (fluidos, justos y necesarios), la visión particular de acuerdo a la búsqueda del protagonista y la delicadeza con la que se construye cada acción. Luego hay cuentos como “There was a girl”, con los que Giordano demuestra tener cuero para todo tipo de desafíos. Cada relato en sí mismo es una prueba que el autor sortea con éxito. Pollitos se gana el lugar en cualquier biblioteca.

Link de la nota: http://www.lavoz.com.ar/ciudad-equis/pablo-giordano-relatos-de-un-escritor-en-fuga

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Reseña del libro de dibujos Estructural, de Florencia Breccia realizada por Brenda Sánchez para MDZ.

Preguntas que incendian de la mano de Florencia Breccia

Por Brenda Sánchez

“Estructural” es el primer libro de esta artista mendocina. El libro de Breccia no es fácil, porque nos cuestiona a gritos. Nos pregunta sobre nosotros y los otros.

Estructural

Estructural, publicado por la editorial autogestiva Borde Perdido Editora en su colección “Dibujos”, es el primer libro de Florencia Breccia.

Es un libro álbum en el que textos e imágenes dialogan para construir un relato. En Estructural (como en todo buen libro álbum), tenemos la sensación de algo codificado a lo que no podemos acceder, que nos lleva, como lectores, a intentar ver más, a volver sobre la lectura varias veces, para descubrir las capas de la historia.

Como afirma Claudia del Río en el epílogo común a todos los libros de la colección: “En los dibujos me hago preguntas que otros dibujos responden”. Y son las preguntas las que abren caminos (provisorios/ ásperos/ desolados) en el libro de Breccia:

¿cómo incendiar un desierto?

(un desierto de ciegos)

sembrando un bosque

En Estructural la tensión bosque/desierto articula un texto densamente simbólico que suma sentidos con las alusiones al fuego destructor / creador, a la mirada/ceguera, los límites entre el cuerpo propio/ ajeno.

El bosque, escribe Bruno Bettelheim en Psicoanálisis de los cuentos de hadas, simboliza, desde tiempos inmemoriales, el mundo tenebroso, oculto y casi impenetrable de nuestro inconsciente. Es el lugar de pérdida y reencuentro de nosotros mismos. De abandono de viejas estructuras sobre las que se asentaban las certezas de nuestra vida y la búsqueda de nuevas. Es un espacio de destrucción y reconstrucción.

Estructural ofrece una vuelta de tuerca al recorrido tradicional por el bosque bettelheimiano: la reconstrucción de sí mismo se sostiene en la posibilidad de encuentro con el otro, en el dejarse contaminar, para ser nuevo y distinto. Es Estructural porque es un orden que busca el nacimiento (inevitablemente violento) de otro orden.

El libro de Breccia no es fácil, porque nos cuestiona a gritos. Nos pregunta sobre nosotros y los otros (­­­¿el otro es el ajeno o somos nosotros ajenos de nosotros mismos y solo podemos encontrarnos a través del que está afuera, del otro ?).

Vale la pena adentrarse en este bosque, donde arde todo, donde hasta las mismas preguntas se incendian.

Leé la nota haciendo click aquí

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Reseña de La bestia negra del proletariado, de Gastón Moyano, y de Ejército de salvación, de Guillermo Antich, realizada por Pablo Grasso para el diario MDZ.

La musa empatada

La “generación asfáltica”, una suerte de conjura encabezada por Gastón Moyano y Guillermo Antich, quienes comienzan a perfilarse con un espesor propio.

La musa empatada por Pablo Grasso en MDZ

17 de Julio de 2014

Nombrar a una generación de autores, inventarles una supuesta prosapia, revisarles el paladar en busca de aquella mancha que certifique el derecho de pertenencia a determinado linaje literario, no es algo que a este crítico menor, a este aprendiz de brujo depresivo, le quite el sueño. No. Curado, es decir, jodido en salud está, como la democracia, el sistema penitenciario y la cultura de Mendoza, ¡esas quimeras! Son como envases rotos o desfondados. ¡Restos diurnos! La verdad es que preferiría leer a esos autores en simultáneo, casi en “estéreo”, voz sobre voz y silencio sobre silencio, apilándose como estratos de polvo en el interior de una salamanca. Dije al comienzo “nombrar”, término que, según la tradición bíblica, es sinónimo de dar vida, de insuflarle a la materia inerte un cierto aire nutricio capaz de poner al no ser, al no vivo, en movimiento. Lo mismo sucede con las ideas que, a pesar de todo y contra todo pronóstico, persisten en su afán de ser nombradas. Así, la idea de la “generación asfáltica” que atraviesa este texto. ¿Y cómo es eso?, se preguntará el lector. Bueno, se trataría de una suerte de conjura (cópula delirante entre sensibilidades poéticas, experiencias vitales y circunstancias históricas) encabezada por un par de autores mendocinos, y en la cual, las figuras de Gastón Moyano (1983) y Guillermo Antich (1985) comienzan a perfilarse con un espesor propio. Esa idea de pertenencia, cierto que discutible, puede comprobarse al cotejar, por ejemplo, La bestia negra del proletariado con Ejército de salvación, ambos libros publicados por Borde Perdido, una pequeña editorial independiente oriunda de Córdoba.

-¿Y por qué “asfáltica”?

-¿Y por qué no?

-Pero usted tiene que fundamentar la acuñación de ese nombre. Dar las razones de por qué observa ciertos rasgos generacionales en la obra de esos autores.

-SÍ, pero resulta que éste es un diario digital.

Veamos: las obras guardan cierta similitud en cuanto al tono (esa rispidez no exenta de matices sentimentales y trágicos), el humor negro (de puro cuño lamborléonico) y su particular tratamiento del lenguaje, entre pornográfico y paródico. En el primero, la realidad deviene fantasmagórica a tal punto que, por momentos, evoca el trazo purulento y alucinado de Chaïm Soutin. (Digámoslo de una vez: el tono de Moyano es el de un rabino ebrio contando un chiste sobre la Shohá) El pensamiento político tensado hasta la clausura, aunque paradójicamente luego siga latiendo con más bríos, y la concreción de una mitología persona reconocible, encuentra en el joven Antich un terreno propicio para la escritura y la venganza.

la bestia negra del proletariado     Ejército de salvación guillermo antich

Queda claro que estos autores decidieron evadirse del territorio viciado de la esquina, con sus códigos, clichés y formas convencionales de lectura, y emprender un camino en solitario. Y la necesidad de advertir sobre su trabajo es tan urgente como estratégico a la hora de pensar lo que se está escribiendo en la actualidad. Porque buena parte de la literatura local quedó atrapada en el cepo del intimismo barrial, esa mezcla de “acá no pasa nada por eso escribo así” y pereza expresiva de los noventa (ya estoy escuchando el cencerro oxidado de “la alegre compaña”), o se calcinó en contacto con la vieja tradición metafísica (Tudela, Ramponi, etc.), la cual, como se sabe, opera en ciertas subjetividades, cuanto más burocráticas peor, como esos relojes utilizados por los niños pequeños cuyos minuteros son de fantasía. Es cierto que, como en todo, hay excepciones, pero en materia poética la renovación, “la huída hacia adelante”, no puede ser el resultado de un tiro al córner. Y redoblo la apuesta, total, ganar es perder y viceversa. En obras como La bestia negra del proletariado o Ejército de Salvación se vislumbra la revancha del lumpen (en el sentido programático que le daba a esa palabra Néstor Sánchez), de aquel héroe de indiscutible nobleza (?) que fue perdiendo sus fueros en la imaginación poética frente a un Eneas nacional y popular, lleno de idealismo, paranoia y mala leche.

Link de la nota: http://www.mdzol.com/nota/545894-la-musa-empatada/

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Reseña de Lago de cenizas de Héctor Márquez realizada por Carlos Schilling.

La nota fue publicada en 2013

reseña shilling para héctor márquez borde perdido

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Niña Soviética, de Liria Evangelista

Por Kekena Corvalán

Publicado el 25 noviembre, 2013 en Leedor.com

La memoria defectuosa puesta a prueba, burlona y a la deriva en el tercer libro de Liria Evangelista.

Nueva obra publicada de Liria Evangelista, que se suma a La buena educación(2009)yUna perra(2012), esta vez editada por la cordobesa Borde Perdido Editora.

Y de bordes perdidos se trata el libro, por lo menos dos: los del género literario y los de la memoria.

Vayamos por el primero. Niña Soviética es primera que nada un blog, que Liria lleva como uno de sus crímenes no cometidos, parafraseando a Adorno. O sí, efectivamente cometidos, porque Liria destripa los géneros, que conoce como buena doctora (en todos los sentidos del término), de la literatura y el lenguaje. Entonces, llevar un blog que es casi una manera de huir de uno mismo en las mosquitas aplastadas de la escritura, negras sobre blanco, para construir una experiencia autobiográfica que contiene poesía, narrativa, archivo, ficción, documental, microhistoria y macrohistoria, psicoanálisis, etnografía, pornografías y teorías de imaginación.

dibujo niña soviet por seba maturanoNiña Soviética por Seba Maturano

Y ahora mordamos lo segundo: la memoria. Niña Soviética es la descostura de una trama sabida, para desnaturalizarla, es decir mentir, desconvertir el mecanismo, escarbar en el recuerdo para desagotarlo, en todos los sentidos: dejar correr el agua libremente, vaciar, hacer descansar, volverlo gota a gota, como impulso vital, como un latido.

De Urquiza a Floresta, de los campos de exterminio en la ciudad de Buenos Aires y de nosotrxs frente a ellxs, de la alusión a Libertad Lamarque que no hace más que empeñarse en ser como su propia mamá, y su propia mamá que se empeña en ser donante de ausencia, del cuerpo ausente y querido que la escritura reconstruye; desde la historia de tantos y tantos inmigrantes, reactivada, relanzada hoy con los movimientos fronterizos y las derivas, Niña Soviética es un corpus errático de esos que solo Liria Evangelista sabe cómo agenciar.

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Nota sobre editoriales de Córdoba aparecida en la revista Matices en octubre de 2013.

Editoriales cordobesas

Mil hojas

por Georgina Ricardi

Los nuevos editores cordobeses combinan los canales tradicionales con nuevas estrategias de distribución y financiamiento. Además realizan un trabajo minucioso de edición y construcción de catálogos. Pero sobre todo, apuestan a imprimir su identidad en cada uno de los productos.
Por Georgina Ricardi
Córdoba ha contado desde siempre con editoriales que, además de publicar principal y fundamentalmente a autores consagrados o de prestigio indiscutido, reservaban algunos insumos para dar a conocer a escritores locales. En proporciones mínimas respecto de las demás propuestas, las estanterías de los libreros cordobeses exhibían allá por la mitad del siglo pasado algún que otro título local, en papel económico y sin atractivo estético. Daniel Moyano por ejemplo, fue editado por Assandri a fines de la década del cincuenta.

Sin embargo, fue recién en las dos últimas décadas que la industria local ha logrado afianzarse de manera tal que muchos de nuestros escritores son premiados internacionalmente y sus historias se convierten en best sellers. He aquí un nuevo problema para los pequeños editores que, ni bien logran tenerlos en sus catálogos, los nuevos reconocidos comienzan a publicar con grandes editoriales. Al menos, en algunos casos.
Otro capítulo en esta historia ocupan las editoriales nuevas e independientes que durante la última década se han multiplicado en nuestra ciudad. Cada cual con sus propias características estéticas, de financiamiento, de contenido y de impresión: los editores más pequeños apuestan a darle identidad propia a sus producciones.

OTROS TÍTULOS
Bárbara Couto, Mauricio Micheloud y Vanina Bocco trabajan juntos en un estudio de comunicación y diseño desde hace años, pero hacía un tiempo les rondaba la idea de publicar lo que ellos decidieran y no sólo material encargado por otros. Así fue que en agosto del año pasado editaron su primer título: “Temblor y otros relatos” de Fabricio Esperanza, bajo el sello de Ediciones de la Terraza.
“Nosotros partimos con dos ejes centrales. Uno era que sean libros ilustrados, ya sean para niños o no. Y el otro es que sean libros publicados con licencias Creative Commons. Es decir que tanto el autor como el ilustrador estén de acuerdo con nosotros en que el libro tenga impreso el permiso para ser compartido”, dice Bárbara. “Es una apuesta a la cultura más libre. Hay distintos tipos de estas licencias, pero para publicar con nosotros, sí o sí, tienen que elegir alguna, nosotros no editaríamos de otro modo. Incluso hay muchas experiencias que demuestran que compartiendo se vende más”, agrega Mauricio.

En ese mismo sentido trabaja la editorial Dínamo Poético, una cooperativa que se dedica a editar libros de poesía, de manera artesanal y con una fuerte impronta estética: “Nosotros trabajamos con Copy Left. La idea es llegar a todos y si alguien quiere copiarlo, es un honor para nosotros”, expresa Juliana Bonacci, una de sus miembros. A diferencia de otras editoriales, el primer libro publicado por la Dínamo es de autoría propia y se llama “Hebras y lluvia”. “Nos decidimos con mi libro. Yo venía tomando talleres pero no se me ocurría llevar a las editoriales. Sabemos que si no sos conocido no te hacen una buena distribución ni una buena presentación. Creo que es posible otro modo de distribución y otra estética mucho más artesanal, y así fue como largamos”, dice Juliana al tiempo que explica de qué se trata su propuesta: “La idea es que el libro pueda sostenerse más allá del contenido como un soporte. Trabajamos sobre la idea de libro álbum. Es decir, que contenga texto e imagen y que esas imágenes no estén de adorno, sino que se complementen, que dialoguen. También proponemos otro tipo de distribución. Al ser artesanales, podemos llevarlos a ferias y a librerías también”.
Pablo Toia y Sebastián Maturano conforman Borde Perdido, una editorial cartonera cuyo taller de edición se encuentra en barrio General Bustos. Dicen que la editorial surgió con el fin de crear un modo de trabajo y no como un hobby. Se dicen editores que no dividen mucho el trabajo artístico del editorial. Conciben al artista como un trabajador y se asumen como trabajadores en ese sentido. “Nos interesa reivindicar el trabajo manual. Fabricamos los libros de cartón, pero no es necesariamente el único material en que podemos confeccionarlos. El cartón no nos limita ni nos define, creemos que de alguna manera funciona como un punto problemático de un determinado estado de la cultura. Creemos que es la evidencia de algo que florece a raíz de un determinado contexto de producción. Para nosotros es una problemática, no es algo que naturalmente deba ser así”, expresan. Ambos artistas plásticos, los integrantes de Borde Perdido también tienen un especial cuidado en la estética y el diseño. Las tapas se realizan siempre con una técnica gráfica. En el caso de su primer título, “Poemas sentimentales” de Silvio Mattoni, fue una xilografía o grabado en relieve.
Para Martín Maigua, responsable de Editorial Nudista, todo se fue dando de manera gradual. Luego de la experiencia denominada “Circo Invisible”, que consistía en un evento artístico que giraba alrededor de la poesía, pero en el que convivían otro tipo de expresiones artísticas, repararon en la evidencia de que muchos amigos y personas que conocían tenían libros inéditos, y que juntos podrían conformar un “catálogo maduro”. “Cuando armamos la editorial hace tres años, nos nutrimos de aquella experiencia. Me interesó ese espíritu de convivencia creativa que podía también reflejarse en los libros, o a partir de ellos”. Esa motivación de la que habla Maigua se refleja, por ejemplo, en la estética de las portadas que siempre está compuesta por una fotografía donde aparece el autor ficcionando su obra. Otra novedad de Nudista son los booktrailers en los que un productor audiovisual trata de captar el espíritu del libro de manera cinematográfica.
“Como siempre en este tipo de proyectos se requiere del esfuerzo de varias personas. Siempre estamos pensando y planificando los pasos a seguir. Los altibajos, en realidad, tienen que ver con las dificultades que se presentan en relación a la distribución, la economía, la comunicación, etc. Pero para superar cada obstáculo que se nos haya presentado hemos trabajado mucho y es lo que hacemos. Hoy somos una editorial que imprime por demanda y también editamos e-books, tenemos nuestra propia tienda virtual y mandamos nuestros libros a cualquier punto del país”, cierra Maigua.

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